domingo, 10 de marzo de 2013

Los miserables

Ya lo había dicho con anterioridad, El repentino amor por los musicales, que tanto han sido despreciados por el público en una discordancia tangente, ahora se difumina por una saturnal explosión de júbilo impuesta por un musical que hace dar dos vueltas a Víctor Hugo sobre sí mismo, cada que se exhibe. El cine no ha comprendido que los musicales son para el teatro, el fallido intento de los miserables se ve en pantalla.



Una producción de millones de dólares, para adoptar una historia que se cae en pedazos por el simple hecho de estar “cantada”, ¿Por qué invertir tanto en recursos para adaptar una obra épica, en musical?, ¿Por qué no darle peso a las actuaciones, y darle credibilidad al trabajo?, ¿Por qué enfrascarse en una tarea titánica, que todo mundo olvidara porque es un musical?

Jean Valjean parece sobrado de intensidad que en cualquier momento esperaba sacara las garras de wolverine para cortar en pedazos a Javert. Lo rescatable de la película se reduce al intento de Anne Hathaway por I dreamed a drem, que si bien es bueno a secas, pudo ser mejor si no fuera un horrendo close up que no aporta nada a la naturaleza dramática de la escena. Por otro lado se debe agradecer que el director sigue de largo y no corta el plano dejando que Hathaway se luzca y salve la escena.


Aquí la famosa escena

Lo peor el giño comico de Sasha Baron Cohen, pero eso podría obedecer más a mi aversión personal por el actor. Como fuera, los recursos fueron desperdiciados en una película sin sabor, pesada y que no tiene la fuerza para atraer y sobre todo mantener a la audiencia.


Si bien hubiese sido adaptada a rock opera quizás hubiera mejorado, cosa que andrew lloyd webber y tim rice saben de sobra. La música es plana, monótona y musicalmente pesada. Está abocada a la magnificencia teatral y termina por no transmitir nada, la música debe acompañar las emociones dramáticas que sobrellevan los actores.



El acierto se lo lleva la insistencia del director Tom Hooper por grabar las voces de los actores, en vivo. Así pues lo que escuchamos en la pantalla es tal y como se tomó del plato, no hay filtros, no hay playback, no hay trucos y ello me lleva a reconocer el titánico trabajo de edición.


En resumen, la película está dirigida a las minorías, esos que disfrutan los musicales ligeros e insufribles. Debido a que es incapaz de transmitir la emotividad de la historia original de Víctor Hugo como es menester en el género dentro del cual se adscribe, es decir, mediante los temas musicales. 


domingo, 3 de marzo de 2013

El origen de los guardianes


Desde siempre he tenido una fascinación por la fantasía, por lo complejo y lo obsesivo. De ahí que encuentre este filme único. Si bien a la salida del tráiler me decidí por el hobbit en el cine, obviando la elección personal, nunca espere algo tan grande con esta película. William Joyce ha logrado con los vengadores versión 3° de preescolar, una historia que se regodea en la magia infantil misma que va más allá del trillado espectáculo de la creencia hollywoodense, vuelve icónica la magia que amolda en una versión diferente a las entidades colectivas más contundentes que hay.



La película trabaja en capas, que van desde la óptica infantil explorando la capacidad de asombro que hemos perdido en la vorágine adulta, hasta el simbolismo más arraigado que sacude y tambalea el niño interior que llevamos dentro. Ese es precisamente donde William Joyce hace su magia. Me parece que ha logrado una visión de cuento infantil oscuro, tenebroso, alejado de las más que notorias tendencias edulcoradas y ridículas, como norma estándar. Y para eso Guillermo del toro ha puesto su grano de arena.
Según Guillermo del Toro el principal error que se comete es el de tratar de dirigirse al niño de una forma lo necesariamente aséptica, como para entretenerlo sin pervertir su conciencia. Es decir, sí, vamos a contarle una historia fantástica, pero con cuidado, no vaya ser que el niño se traume. De ahí la naturaleza de azucarar ha Hans Christian Andersen, los hermanos Grimm, Charles Perrault e incluso a Victor Hugo en una nefasta versión Disney del jorobado. Parafraseando a Hitchcock: “Cuanto mejor es el villano, mejor es la película”. Los villanos de Hitchcock siempre han sido formidables. Un arquetipo que podemos observar en ejemplos como el de James Bond. Un superhéroe vale lo que vale en función de sus enemigos. Y no es tanto que el personaje de la película de miedo, sino lo que representa: El miedo mismo, el temor…el terror.


Ese terror al que enfrentamos adultos, el fracaso, la monotonía, la inseguridad, el ansia, catapultado a niveles abismales representado por el miedo más grande que una persona puede sentir en su vida. El temor infantil.
El punto a favor comienza con el director Peter Ramsey, quien arrastra un bagaje comercial del calibre de godzilla, y una visión postapocaliptica de Thank Girl aquella obra de culto noventera. Sin embargo se ve reflejado en su faceta artística, lo que le da una perspectiva más fantástica de los personajes oníricos, recordemos su visión en Inteligencia artificial, backdraft y el día de la independencia para ejemplificar. Se logra y se agradece una historia ágil, fuera del pragmatismo navideño con el que Hollywood suele entintar sus producciones. A su vez las escenas chuscas se encuentran bien balanceadas.


El segundo punto es logrado por la impecable imaginación de Joyce, donde  los habituales mensajes, intrínsecos a este tipo de propuestas, que apuestan por el conocimiento y la autovaloración personal, el respeto al otro y la defensa de la pertenencia a un grupo, la historia de esta patrulla súper heroica compuesta por iconos de la niñez universal queda como una férrea defensora de la ilusión, el candor y la fantasía en estos oscuros, tristes y desamparados tiempos que nos ha tocado vivir.




El diseño de los personajes es contemporáneo, aunque solo los conocidos reconozcan por ahí a un mr. Sandman reencarnado en la figura de Harpo Marxs. Algo en lo que Joyce insistió mucho a la hora de vender los derechos. La historia basada en la eterna lucha del bien y del mal, logra a modo de leit motiv desbalancear a favor del mal de una forma tan simple, que su simbolismo extrapolado a la vida real no pasa desapercibido. El hombre de la luna, en su papel de entidad evolutiva superior aun, a los seres elementales del colectivo muestra su verdadero rol en la balanza universal. Una especie de gran arquitecto del universo en una dimensión infantil. Lo que deja un claro giro de perspectiva donde la oscuridad ejerce influencia en las entidades mágicas, pues a final de cuentas todas trabajan de noche.

Esa misma balanza, se hace más manifiesta, y ojo aquí con el spoiler, donde las pesadillas no tienen cabida sin el sueño. Y ahí se encuentra el centro de la película. Recomendable para ver incluso si no tienen niños.